El Palacio Subercaseaux, Monumento Histórico de Chile es ese hermoso conjunto que se ubica frente al Teatro Municipal De Santiago (esquinas San Antonio con Agustinas). Siempre me gustó, el blanco resalta todos los detalles y decorados de la fachada. Su dueño fue el fel banquero y empresario salitrero Francisco Subercaseaux Vicuña y se dice que inicialmente eran dos viviendas que mandó construir para sus hijos y que, como le gustó mucho el resultado, decidió construirse una propia para él y su sra, Juana Brown, gran pianista, quien pidió añadir un salón de música con vista hacia el teatro. El arquitecto fue Miguel Ángel de la Cruz Labarca en 1903. El destacado arquitecto Alberto Cruz Montt estuvo a cargo de las terminaciones interiores y Julio Montt hizo redistribución de los espacios. 

Arquitectónicamente, el Palacio Subercaseaux es una edificación de fachada continua construida en albañilería, que posee dos pisos más un piso zócalo y una mansarda, inspirado en las características de los estilos Luis XV y Luis XVI. De notables terminaciones como la herrería de balcones exteriores e interiores, en barandas, marquesinas, lucernario y jardín de invierno que se trajo de Francia y un fino trabajo de yeso en muros y cielos interiores, de carpintería en puertas, ventanas y pisos de parquet de marquetería. El inmueble siguió el refinado estilo francés, rematado por una alta mansarda, con grandes ventanas protegidas por balcones de tipo bombé; y antecedidas por un jardín.

La crisis del salitre afectó gravemente las finanzas familiares, situación que se agravó tras la muerte de Francisco Subercaseaux en 1921. Ese mismo año, su viuda pone en venta el palacio, siendo adquirido por el Club Militar y luego, en 1951, se convierte en el Club de Oficiales de la Fuerza Aérea de Chile, institución que lo conserva en excelentes condiciones. Las dos casas restantes, pasarán por diversos dueños y usos, hasta ser adquiridas por una institución bancaria que las destina a oficinas administrativas, labor que cumplen actualmente. Cuando terminé me fui a tomar un exquisito café en un acogedoro local de gran calidad en la calle Tenderini.