Siguiendo con los croquis de obras del gran arquitecto chileno Ricardo Larraín Bravo, hoy comparto mi estudio de la Iglesia de Los Sacramentinos, en Santiago, Monumento Histórico de Chile.

UN POCO DE HISTORIA
La Congregación de los Sacramentinos llegó a comienzos del siglo XX a Chile y encargó a Larraín Bravo la construcción de un templo inspirado en el Sacré-Cœur de Montmartre (Iglesia del Sagrado Corazón) en París.

Constructivamente, son dos iglesias en una: una cripta subterránea de 1.500 m² y una iglesia superior, elevada 1,80 m sobre la vereda. Ambas tienen una configuración semejante y responden al estilo neorrománico-bizantino.

Croquera de Erika Brandner con Iglesia de los Sacramentinos en Santiago de Chile
Croquera de Erika Brandner con Iglesia de los Sacramentinos en Santiago de Chile

Uno de los aspectos que más me interesa es que se trata del segundo edificio de hormigón armado construido en Chile. El primero también está en manos de Larraín Bravo y se encuentra en Valparaíso.

El templo nunca llegó a terminarse por completo: sus caras norte y sur quedaron con el hormigón a la vista.

La iglesia superior está conformada por tres naves, elevadas torres e imponentes cúpulas. La principal está coronada por una gran cruz diseñada por el propio arquitecto.

Hace algunos años, el sacristán encontró una antigua maleta llena de planos de Ricardo Larraín Bravo. El Centro de Investigación Arquitectónica, Urbanística y de Paisaje de la Universidad Central los catalogó y comenzó un proceso de digitalización para preservarlos y permitir su estudio, porque hay elementos en los planos que no aparecen en el edificio real. Por ello sería muy interesante una muestra de estos planos, dibujados a mano, invaluables como un documento del proceso que llevó a cabo el connotado arquitecto.

Hay un detalle fascinante: al parecer, el propio arquitecto se habría retratado en uno de los vitrales, aparecería vestido de azul.

Aqui quiero explicar un poco de mi proseso: dado que no tengo formación de arquitecto, sino de diseño y me dedico a la ilustración y al arte, no tengo muchos «debos» incorporados. Me gusta la «linea peluda», porque tiene carácter y me gusta hacer croquis sutiles, casi leves. Que la línea sea fina, que haya achurado en distintos ángulos. Otra característica es que no diagramo antes. No hago líneas constructivas. Normalmente se empieza de lo más general (se hace como bloques y se definen los grandes volúmenes) y desde ahí se van agregando detalles. Yo lo hago completamente al revés: comienzo del detalle. ¿Pero cómo se cual detalle? Fácil: siguiendo la intuición. Así como me subo al Metro y «siento» qué quiero dibujar, al estar frente al edificio, lo observo y veo qué me llama la atención. Como si fuera una persona: tal vez te fijas en los ojos o en la boca primero…frente a una iglesia como Los Sacramentinos, qué me llama la atención primero: una cúpula. Porque su silueta se destaca contra el cielo, el resto al principio es como una nebulosa, como una madeja que he de ir desenredando. Entonces, el primer contacto del lápiz (utilizo tiralíneas fino) irá hacia la punta, hacia el extremo superior de la cúpula. E irá bajando, como si acariciara la cúpula, como si la recorriera, y voy avanzando hacia abajo, desplegando el dibujo y desplegándome. Claro, hay errores que corrijo sobre la marcha. Los errores son parte del dibujo, Se quedan ahi. Son como el gesto del bailarín. Por eso no marco primero a lápiz. No. Voy directo con la tinta. Da lo mismo lo que salga. Lo importante es observar. Y el edificio me va dictando. Y voy midiendo ángulos (hay técnicas para eso), distancias (también hay técnicas para eso) y relaciones (idem)…asi, pasa el rato. Y cuando me canso, simplemente me paro y me voy. Ah. Y los muchos detalles, por ejemplo, en lo neoclásico, barroco, etc…hay muchos decorados que se repiten: rayitas, salientes, balaustres, etc. Para eso marco una pequeña zona con detalle y dejo el resto para después. Para terminarlo tranquila tomando un café por ahi, esperando en la. consulta del doctor o estando en mi taller. Lo crucial es capturar la esencia del edificio. Ahi me puedo ir tranquila. El color lo aplicaré después. No es tan importante. Sólo ha de dar el impulso definitivo para que el croquis se vea fehaciente.

Erróneamente se le denomina Basílica de los Sacramentinos. Una rápida búsqueda en internet la consigna como una de las nueve basílicas menores de Chile. Incluso el Consejo de Monumentos lo identifica de esa manera. Pero no es una basílica, porque para ello debiese tener el título oficial del Vaticano. Y no lo tiene. En el otro extremo, se le denomina Capilla. Lo que si es cierto es que es «Templo Votivo Nacional», desde la celebración del primer centenario de la Independencia de Chile.

Sólo como info adicional, etimológicamente, la palabra «Basílica» proviene del griego y significa “casa del rey”. En la antigua Roma designaba edificios públicos, y posteriormente la Iglesia adoptó el término para sus lugares de reunión y oración.

Para mi, como dibujante, lo más relevante es la belleza del edificio. Su escala, complejidad y magnificencia, invitan a croquearlo. Invitan a sumergirse en cada detalle de su fachada. Eso es lo bonito del croquis. Uno aprende a ver. Pasamos por frente a los edificios como autómatas, sin mirar, preocupados de los mil pensamientos que cruzan nuestra mente. Pero croquear es parar, mirar, observar profundamente y eso, es meditar. Eso es exactamente, estar presente. Y todo se olvida. Y sucede magia interna. Y externa pues la gente se emociona al verme croquear y se motivan también a mirar. Por eso amo croquear en vivo. Y por otro lado, aprendo. Conozco. Y valoro más mi Santiago querido.

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Croquis de Iglesia de los Sacramentinos en Santiago de Chile - Erika Brandner
Croquis de Iglesia de los Sacramentinos en Santiago de Chile – Erika Brandner