Este encargo me llegó hace poco. Una foto recuerdo que se quería transformar en pintura. Una foto de los primeros pasos de Mauricio Medina con estos hermosos animales los caballos. El no tenía claro qué técnica mía quería pero si el tamaño: 50 x 70 cm. Luego de revisar ejemplos de obras mías aplicables a ese tema, acordamos sería una acuarela. 

La fotografía me llamó inmediatamente la atención. Figura en ella Mauricio de Lolo de 12 años con su tío Osvaldo Medina Castro ensillando a la yegua Tabaquita (hija del Tabacazo, arreglada por Cácaro de la Fuente). Me agradó mucho la fotografía. Este tío que se daba el tiempo de acompañar a ese sobrino, con la paciencia y la sapiencia marcada en el rostro sonriente. Y ese chico que me figuraba estaba ansioso y expectante, con su sombrero que parecía muy grande para él y sus pantalones tan formales en su espigado cuerpo preadolescente. Me encantó. Ese “algo” que hay detrás de un motivo a pintar ha de emocionarme. Eso es muy importante para mí, pues facilita mucho mi conexión artista-obra. Si bien soy una convencida que no hay mal sujeto para pintar y que un artista puede hacer una maravilla incluso pintando un tarro de basura, es por supuesto mucho más agradable que el motivo se conecte con uno de alguna manera. En mi caso, son 2 las formas: las emociones y la racionalidad. Las emociones son inmediatas: una historia conmovedora, una imagen tierna, algo que sé es importante para mi cliente. Y la racionalidad, cuando creo que lo que voy a pintar tiene trascendencia de legado, como por ejemplo el pintar patrimonio y al caballo chileno. Esta obra cumple ambos parámetros: Es un recuerdo de una niñez por lo visto feliz y de una relación cariñosa con su tío Osvaldo por lo que si es emocionante. Y dada la genética de la yegua y su connotado arreglador es trascendente pues es pintar un pedacito de historia. 

Ensillando a Tabaquita – Recuerdo de Criadero Lo Medina

Acuarela sobre Papel
50 x 70 cm
Cliente: Mauricio Medina

Sobre la Técnica

EL PROCESO 

Qué quería lograr:

Una obra armónica y unida. Como dice la jerga técnica de este medio acuarela: Loose and Found Edges: Bordes sueltos y Bordes encontrados, o definidos. De eso se trata, de jugar con ambos para que el resultado sea armónico. No busco la perfección. No existe. Busco que mis obras sean espontáneas, gestuales, aun cuando tengan mucho detalle. No planifico demasiado por eso, para que nunca sean rígidas. Porque rígido es lo opuesto a lo que es un caballo para mi. Es pura sangre, expresión, libertad. 

Esta obra la pinté con acuarela, técnica tradicional. Es decir, se hace un dibujo muy simple a lápiz, el que sea invisible al estar finalizada la obra. Luego, se aplica una primera capa aguada, para definir el fondo y los planos generales y se van de a poco incorporando los planos medios hasta llegar al detalle. Todo eso, en pocas capas. El colorido general venía dado por la fotografía. Por lo que emulé esas sensaciones lumínicas: que se sintiera que se estaba frente a la pesebrera, con las zonas oscuras de fondo indicando lo oscuro del interior, pero eso mezclado con los intensos naranjas y ocres que se producen por la tierra del suelo y el reflejo del sol de la tarde.

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